La historia de la Alameda del Libertador Bernardo O'Higgins y la Iglesia de San Francisco está profundamente entrelazada. Ambas representan el desarrollo de Santiago desde sus orígenes coloniales hasta convertirse en la capital moderna de Chile, siendo testigos de más de cuatro siglos de transformaciones urbanas, sociales y culturales.
La actual Alameda tuvo su origen en el antiguo cauce de un brazo del río Mapocho, conocido durante la época colonial como La Cañada. Durante los primeros años de Santiago, este espacio marcaba el límite sur de la ciudad y permanecía como un terreno abierto, utilizado incluso como vertedero. A comienzos del siglo XIX, tras la independencia, Bernardo O'Higgins impulsó su transformación en un paseo arbolado inspirado en las grandes avenidas europeas, bautizándolo como Alameda de las Delicias. Con el tiempo, este paseo se convirtió en la principal arteria de Santiago y en el escenario donde se concentraron importantes edificios públicos, iglesias, monumentos y espacios de encuentro ciudadano.
Mucho antes de que existiera la Alameda como paseo, la Iglesia de San Francisco ya ocupaba ese sector de la ciudad. Su origen se remonta a mediados del siglo XVI, cuando los franciscanos recibieron los terrenos donde anteriormente se encontraba la Ermita del Socorro, destinada a custodiar la imagen de la Virgen del Socorro traída por Pedro de Valdivia durante la fundación de Santiago. Tras la destrucción de un primer templo por el terremoto de 1583, comenzó la construcción de la iglesia de piedra que fue concluida en 1618. Gracias a su sólida estructura, ha resistido numerosos terremotos y es considerada la edificación colonial más antigua que permanece en pie en Chile.
La relación entre ambos lugares se fortaleció cuando la antigua Cañada fue convertida en la Alameda. La Iglesia de San Francisco pasó de estar en el límite de la ciudad colonial a ocupar un lugar privilegiado frente al principal paseo urbano de Santiago. Durante el siglo XIX, miles de personas transitaban diariamente por la Alameda para asistir a ceremonias religiosas, participar en celebraciones o simplemente recorrer el paseo. Incluso la tradicional Pérgola de las Flores se instaló durante décadas frente al templo, convirtiendo el sector en uno de los puntos más característicos de la capital.
Con el crecimiento de Santiago, la Alameda evolucionó desde un paseo arbolado hasta la gran avenida que articula la ciudad, mientras la Iglesia de San Francisco permaneció como un símbolo de continuidad histórica. Aunque el entorno cambió radicalmente con el desarrollo urbano, el ensanche de la avenida y la aparición de edificios modernos, el templo ha conservado su valor patrimonial y espiritual, constituyéndose en un testimonio vivo de los orígenes de Santiago. Actualmente, ambos forman parte de un mismo paisaje histórico: la Alameda refleja la evolución urbana de la capital, mientras que la Iglesia de San Francisco recuerda sus raíces coloniales y la permanencia de su patrimonio a través del tiempo.
Alameda e Iglesia San Francisco, 1960s [Fotografía], colección Archivo Enterreno, 1960, Archivo Enterreno https://www.enterreno.com/moments/alameda-e-iglesia-san-francisco-1960s. CC BY-NC — Solo uso no comercial